lunes, 13 de marzo de 2017

Algunos parnasianos menores

En torno al adjetivo "menor", los connaisseurs suelen agrupar todo aquello que menos complace, reconforta, halaga o excita a su propio gusto. Habiéndose aproximado con detalle a cuanto existe a su alrededor, habiendo entrado en posesión de un criterio personalísimo, pueden permitirse el lujo de seleccionar y, sobre todo, ordenar. El orden en que -mucho antes que nosotros- han situado a Gautier, Baudelaire, Leconte de Lisle y Banville en el universo parnasiano, quedará inalterado para la posteridad. Pero no es menos cierto que, en las vastas antologías que se publicaron en los años 60 y 70 del siglo XIX con el nombre de "Parnasse contemporain", existen muchos otros creadores, hábiles con la palabra y el verso, y esforzados en ejecutar su habilidad.

Hay que dar fe también de su existencia.

Por ejemplo, de la de André Lemoyne, un abogado hijo de notario, de formación elitista pero venido a menos tras un revés de la Fortuna, que hubo de procurarse modestos empleos para sobrevivir hasta que obtuvo el puesto de archivero en la Escuela parisina de Artes Decorativas. Sin embargo, a lo largo de su larga existencia (vivió más que ningún otro parnasiano: ¡85 años!), escribió y publicó una decena de recueils de una poesía dulce, suspirante, melancólica y políticamente correcta, con la que obtuvo cierto éxito en su tiempo. Según diversos testimonios, fue un hombre laborioso y tranquilo, que murió tan discretamente como había vivido; y al leer los versos de sus "Rosas de antaño" -su libro más famoso-, uno no puede evitar pensar en el tono sosegado y tímido de Léon Valade o del simbolista Albert Samain.

Otro longevo " parnasiano menor" fue Georges Lafenestre, si bien en su caso la notoriedad vino por parte de su labor institucional como conservador del Museo del Louvre y miembro del Instituto de Francia, especializándose en el arte italiano "prerrenacentista" -para ser exactos, "prerrafaelista", aunque postergo esta calificación para no confundirlo con el movimiento decimonónico homónimo. Sin embargo, al tratarse de su ocupación principal, acabó haciendo contribuciones probablemente más valiosas a la crítica de arte que a la poesía. A pesar de su notable presencia en el "Parnaso contemporáneo", escribió rimas sobre todo en su juventud -pocas en comparación con otros parnasianos-, siendo refundidas en un par de recueils por Lemerre.

Para concluir, presentaré al polifacético y también longevo Arsène Houssaye, del que anteriormente he incluido unas rimas en el blog. De la quinta de Gautier y Gerard de Nerval, empezó formando parte de los románticos, para después tener una fuerte presencia en las primeras iniciativas de los parnasianos. En el primer volumen del "Parnasse contemporain", tal vez por su influencia como redactor y director de publicaciones periódicas, le fue concedido un puesto de honor junto a los grandes parnasianos -o "mayores"-, pero sus rimas no volvieron a aparecer en sucesivas entregas. Sin embargo, en sus comienzos brindó su apoyo a todos ellos; empezando por Baudelaire, que le dedicó su emblemática obra "Pequeños poemas en prosa" -forma literaria cuyo precursor había sido el marginado Aloysius Bertrand. A pesar de su monumental obra, que abarca todos los géneros, Houssaye es, ante todo, un hombre de negocios y un burgués de éxito. Vivió lujosamente, dirigió publicaciones periódicas de gran tirada y administró teatros: sin embargo, su poesía no se ha llegado a hacer ni siquiera un huequecito en la vasta primera línea de la literatura francesa. Su nombre estuvo y está por todas partes, como un influencia omnipresente de su época; pero su obra, no.

Aún así, de esta primera terna de parnasianos "menores" publicaré algunas de sus mejores poesías a lo largo del mes.

 

 

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