lunes, 14 de noviembre de 2016

El parnasiano español


Si el impulsor del parnasianismo “épico” fue Leconte de Lisle, su más fiel continuador fue José María de Heredia Girard. Había nacido y se había criado en Cuba, fruto del enlace entre un criollo español y una francesa; por lo que, como aquél, su infancia y su memoria estaban pobladas de climas tropicales y vegetación exuberante, una existencia totalmente opuesta a la rutina urbana que ambos llevarían en Francia el resto de sus vidas.




La biografía de Heredia, no obstante, presenta un punto de inflexión totalmente distinto: al contrario que Leconte de Lisle, quien se rebeló ante la imposición familiar de cursar Derecho para seguir su vocación literaria, el joven español (Cuba todavía no era una nación independiente), que también había sido destinado por sus progenitores al oficio de la abogacía, vio torcerse su destino por una traba burocrática que a muchos no les sonará remota. Con el afán de ofrecerle una educación lo más esmerada posible, el padre de Heredia, que poseía plantaciones y podía permitirse mayores dispendios, había decidido que estudiara el bachillerato por todo lo alto en Francia -por aquel entonces, la cultura francesa era la más apreciada del mundo, y las élites de todas las naciones se entendían entre sí hablando ese idioma. Pero a su retorno, las autoridades educativas españolas consideraron que ese bachillerato francés no podía considerarse equivalente al bachillerato español -¡la eterna cantinela de las convalidaciones académicas!-; de manera que, ni corto ni perezoso, Heredia, en lugar de cursar Derecho y ejercer en España, como habían deseado sus padres, tuvo que hacerlo en Francia nuevamente. Con esto, la literatura española perdió el que podría haber sido uno de sus mayores talentos -e incluso un acicate y un introductor en las tendencias europeas para el resto, precisamente por su formación excepcional. ¡Nuevo ejemplo de la “fuga de cerebros”, esa histórica lacra de migraciones que durante siglos ha contribuido a desolar el panorama cultural español!

En cuanto a su faceta creativa, Heredia adquirió fama gracias a su consumada habilidad para escribir sonetos; los cuales reunió en 1893 en un recueil recopilatorio, titulado “Les trophées”, que fue dedicado al inspirador de su estilo, Leconte de Lisle. Y al año siguiente, el maestro parnasiano murió, y Heredia fue elegido miembro de la Académie Française. ¡El mayor “trofeo” al que podría aspirar un español en ese país que, en ocasiones, nos ha mirado con desdén, pero nos ha reconocido los méritos cuando los había! Otras aportaciones relevantes de nuestro paisano a la cultura gala fueron sus numerosas traducciones de obras clásicas –Horacio–, románticas –Ossian, Lord Byron, etc…– y también españolas –resaltaría la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, de Bernal Díaz del Castillo.




En el plano vital, asimismo, destaca su completa integración con los círculos artísticos y literarios parisinos, su estrecha amistad con el omnipresente Catulle Mendès o con el “nóbel” Sully Prudhomme, y los escandalosos amoríos de su hija Marie con el no menos estridente escritor Pierre Louÿs –al mismo tiempo que hacía vida conyugal con el también escritor Henri de Régnier. Da la casualidad, además, de que Louÿs acabaría siendo también el yerno de Heredia... no por esposar a Marie, sino a su hermana menor, Louise. 
Tanto Louÿs como Regnier fueron autores decadentistas, ojalá más adelante Apolo me dé fuerzas para hablar también sobre ellos en el blog.


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