viernes, 2 de septiembre de 2016

Y al principio fue... (1)



Dijo Goethe que, al principio, fue el verbo. 

Pero nosotros -los sacerdotes de Apolo- no somos tan ambiciosos, no podemos ni queremos extraviarnos en conjeturas sobre orígenes tan remotos que, a pesar de todas las hipótesis y razonamientos, sólo podemos tener la certeza de su improbabilidad, es decir, de que no cabe prueba alguna sobre ellos. Una respuesta buscamos, no más: ¿dónde estuvo el origen del parnasianismo?


“La Idea de la Belleza nació, cayendo en espiral entre muchas estrellas, como el cabello de una mujer entre perlas hasta que, a lo lejos, se iluminó en las colinas aqueas, y allí moró”. Sólo alguien que hubiera asistido, espectador privilegiado y vetusto, al surgimiento de la Belleza en el mundo, podría haberse expresado tan atinada y elocuentemente sobre ese acontecimiento crucial de la Historia. Pero, como el hombre que escribió esa frase resulta que aún no había nacido, sólo pudo ser el mismísimo Apolo quien le eligiera como portador y divulgador de ese conocimiento supremo: que la Belleza se asentó sobre el Parnaso, antes que sobre ningún otro lugar del mundo.




La frase que he citado pertenece a una obra del escritor virginiano Edgar Allan Poe -concretamente, “Al Aaraaf”. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Que el parnasianismo FRANCÉS tuvo su origen… no sólo fuera de Francia, sino fuera de Europa y de Asia, al otro lado de un inmenso océano?


¡Rotundamente, sí! A partir de Edgar Allan Poe, toda noción relativa a cánones estéticos, principios poéticos y finalidades literarias, se verá trastocada de una manera absoluta y radical. Este genio, que representa por sí mismo un auténtico “año cero” para la literatura -de modo que puede hablarse de una “literatura antes de Poe” y una “literatura después de Poe”-, no sólo recogió la herencia clásica, nacida en la Hélade y “renacida” en Italia, que el romanticismo había dejado abandonada en un rincón; también entronizó al sueño y al ensueño, como fundamentos de la vida.


Su libro “Eureka” se abre con una dedicatoria que dice: “a los que sienten más que a los que piensan, a los soñadores y a los que depositan su fe en los sueños como únicas realidades…”


Y en “Eleonora” matizó lo anterior, asegurando: “aquéllos que sueñan de día conocen muchas más cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche”.


Por último, “el primer elemento de la poesía es la necesidad de una belleza sobrenatural que las formas naturales existentes no pueden proporcionar mediante ninguna clase de combinación. Su segundo elemento, la tentativa de satisfacer dicha necesidad mediante combinaciones novedosas de las formas de belleza halladas de antemano o de otras combinaciones que nuestros predecesores, pugnando para cazar el mismo fantasma, ya hayan puesto en orden.” Así se expresó Poe en una reseña del año 1842 a un libro de Longfellow (el segundo volumen de sus “Baladas y otros poemas”).


De este modo, Poe contradice a sus propios compatriotas y contemporáneos, mayoritariamente utilitaristas. Poe también desmiente -por compararlo con el panorama literario español- tanto a Calderón como al Quijote. Poe extiende el certificado de defunción de la novela gótica, cuyos temores de base supersticiosa y apriorística son sustituidos, como diría Lovecraft, por un “horror cósmico” o “no natural”, que nada tiene que ver con los dogmas cristianos. Y, sobre todo, Poe plasma en su obra una estética que, aunque en la refractaria sociedad en que vivió tardaría tiempo en causar algún efecto, adoptada por el único espíritu afín que pisaba la superficie del planeta por aquel entonces, se convertiría en el revulsivo de la literatura moderna: me refiero, cómo no, a Baudelaire, su traductor e introductor en Francia; y al parnasianismo, como corriente literaria basada en el ensueño.




Y, sí, han leído bien, un poco más arriba: Poe fue, y sigue siendo, virginiano, pues nació en la región y estado de Virginia. ¡Al dios Apolo le trae sin cuidado lo que pudieran acordar George Washington y el King George, pues en el monte Parnaso todavía no se ha reconocido a “Estados-Unidos-de-América” como cuna de nada… y menos del Profeta de la Belleza!

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